Como
individuo, uno crea, intercambia, recibe y genera un mar de información
digital. Están las comunicaciones, documentos, fotos, publicaciones en blogs y música;
además, todo lo que se crea o en lo que uno trabaja en su empleo. Luego, hay
que sumar todo lo hecho en redes sociales, como Facebook, a lo que se agrega
información de cuentas, desde la compañía de telefonía móvil hasta la de
seguros a empresas detallistas en línea, como Amazon. También está la
información personal crucial como son las declaraciones de impuestos y la
hipoteca. Resulta abrumador, en especial cuando se desea obtener acceso a esta
información desde cualquiera de la colección cada vez mayor de dispositivos de
trabajo y personales.
Básicamente,
la colección completa de “material digital” que interesa a los individuos es el
“yo digital”: Éste no se representa sólo por los archivos personales y de
trabajo. Incluye absolutamente toda la información digital compleja y variada
que genera cada persona y las organizaciones con quienes trata. Hoy por hoy, el
77% de los adultos online de Estados Unidos reporta el uso de uno o más
servicios de la Nube personal para almacenar o manejar sus comunicaciones o
contenido, y esto ni siquiera toma en consideración las cuentas de correo
electrónico ubicuas basadas en el Web. Forrester divide esta amplia gama de
información digital en cuatro categorías de contenido que conforman el “yo
digital”, a saber:
Creado:
contenido que uno crea, como mensajes, contactos, fotos y presentaciones.
Mutuo:
contenido e información que se compra, crea o comparte con proveedores.
Recibido:
registros de transacciones y actividades que llegan de compañías con las cuales
uno hace negocios.
Grabado:
registros y datos sobre comportamiento, recolectados y analizados por otros.
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